Reseña – “Fundamentos de Epigrafía Latina” (2009)

portada epigrafia_modificada

En esta entrada realizamos una reseña sobre el manual de más reciente publicación sobre Epigrafía en castellano, muy recomendable para estudiantes, investigadores y curiosos de las inscripciones romanas.

Se trata de un completo manual de Epigrafía Latina que colma el vacío existente en este campo en cuanto al idioma castellano se refiere. Bajo la coordinación del profesor Andreu, seis autores —él mismo incluido— de reconocida labor investigadora como epigrafistas llevan a cabo una compleja tarea de síntesis de una disciplina que crece día a día como parte integrante de las Altertumswissenschaften. El ἐπιγραφή —en griego— o titulus —en latín— es el objeto de la Epigrafía: «la science des inscriptions» (Cagnat 1976: xiii), «l’étude des inscriptions» (Lassère 2007: 3); y es de su manifestación en caracteres latinos a lo que se dedica el presente texto.

No en vano, y siguiendo la terminología germana —idioma de bagaje inexcusable en todo investigador de la Antigüedad que se precie—, las epigraphische Quellen son la «fuente más directa» con que cuenta el Mundo Antiguo (Millar 1986: 95), y es que la escasez y el sesgo geográfico de los papiros y pergaminos conservados —con quienes compiten como fuente más reveladora— les relegan a un segundo plano —lo que no ha de significar de ninguna manera el menoscabo de su inestimable valor. En esta disciplina, con la contribución del presente manual, trascendemos el hieratismo de las fuentes literarias encontrándonos con un dinamismo que presentan las epigráficas (Abascal 1995: 437-438) que permite la continua aparición de nueva bibliografía con estudios monográficos en consonancia con la constante aparición de nuevas inscripciones. Esta última idea convierte en espinoso todo intento de publicar un repertorio bibliográfico básico sobre la materia (Millar 1986: 94). Si tenemos presente la opinión de Millar podríamos concluir que toda publicación —como la que nos atañe— cuyas pretensiones caminaran en aquélla línea podría corresponderse en buena medida con un status questionis en el momento que viera la luz.

El manual se estructura en tres apartados bien diferenciados precedidos de su correspondiente introducción y sucedidos de unos utilísimos apéndices e índices analíticos. Así, avanzamos desde una introducción a la ciencia epigráfica, primero con caracteres históricos y después teóricos hasta, una vez descritos los rasgos que nos podemos encontrar en cada epígrafe, una clasificación tipológica. Por compararlo brevemente con el otro manual de reciente publicación, Lassère efectúa a su vez una división tripartita —por este orden: individuo, ciudad y Estado— que también desmiembra con intereses didácticos. Por su parte, Cagnat se basó prácticamente en la exposición de la tipología y las posibilidades con que nos podemos encontrar.

El primero de ellos nos acerca al amanecer de la disciplina epigráfica como ciencia haciéndonos ver la necesidad del estudio de todas las fuentes al alcance del historiador de la Antigüedad, dada su particularidad de ser especialmente escasas si las comparamos con el resto de materias históricas. De la mano del positivismo decimonónico surgieron los grandes corpora que todavía hoy no dejan de permanecer vigentes en las estanterías de las bibliotecas y centros de investigación. Es más, al alimón de aquélla tendencia historiográfica, el periodo de finales del siglo XIX y principios del XX vio nacer obras hoy clásicas y en pleno vigor como el citado Cours d’Èpigraphie Latine de Cagnat. Con todo, desde el Renacimiento se le otorgó amparo institucional a la Epigrafía hasta convertirla, ya en la Edad Contemporánea, en una ciencia auxiliar de primer orden. Hoy en día, en la que con cierta perspectiva histórica podríamos ya denominar «Edad Digital», se presentan una serie de novedosas vías de comunicación gracias a las llamadas Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) y que comentaremos más abajo en relación con el tratamiento que de ello hace el manual.

Especial mención merece el Corpus Inscriptionum Latinarum de Niehbur y Mommsen, paradigma del trabajo epigráfico y que continúa siendo punto obligado de referencia para el estudiante, para el docente y para el investigador. Bajo las líneas trazadas por aquél se propone de manera eminentemente instructiva el proceder en el estudio de toda inscripción, id est, la elaboración de una autopsia epigráfica. Observamos aquí las pretensiones de la obra de enfatizar su nuevo enfoque hacia la labor del epigrafista, quien ha de ampliar su campo de visión en tres direcciones complementarias como son, además de la clásica atención hacia el propio texto en sí, el soporte y el contexto. Y es que, tradicionalmente los investigadores se han circunscrito básicamente al contenido de las inscripciones (Abascal 1995: 442), no en vano algunos de sus pasajes han sido considerados como «productos literarios menores» (Millar 1986: 111).

En relación con esta línea, el segundo gran apartado, de introducción a la epigrafía latina, da comienzo con el soporte. Se reivindica con ello los trabajos que se vienen haciendo en las últimas décadas desde los corpora locales de poner en comunión el texto y la materia en la que se inscribe, ora ordinaria —sobre piedra monumental o exenta, metal o cerámica— ora extraordinaria —madera y vidrio. A su vez, subraya otro asunto poco tratado en general como es el de la paleografía de la escritura epigráfica: la evolución de la letra cursiva a la capital cuadrada y del ámbito público al privado. Junto al soporte, el otro elemento postulado por los autores es el del contexto. Así, se pone de relieve la omnipresencia de caracteres latinos en la sociedad romana lo que nos permite hablar de un evocador «paisaje epigráfico», concepto que trae consigo otro como el celebrado «hábito epigráfico», el cual se extendió en tanto en cuanto la romanitas irradiaba las costumbres de la Urbs a sus nuevos territorios. En un mundo en el que el status primaba por encima de todo, la perennidad de su asociación con la gens que iba escalando en la pirámide social a través de las inscripciones constituía un valor sin parangón. De esta manera, no ha de extrañarnos que la elevación de estatuas y dedicación de inscripciones honoríficas se llevaran a cabo sin una necesidad o motivo especial sino que se trataba más bien de una «rutina general» (Alföldy 1996: 10). Con todo, nos resulta sencillo de entender la fuerza que despedía una sentencia del senado como la damnatio memoriae.

En consonancia con sus aportes en cuanto a la apertura del enfoque del epigrafista, la obra no deja de describir detalladamente los puntos clásicos que los manuales al uso suelen tratar como son el de la onomástica individual, el cursus honorum del ordo senatorial y ecuestre así como el de la titulatura imperial. Es con respecto a la mencionada onomástica en lo que una nueva contribución del presente volumen hace su aparición: la técnica prosopográfica. Algo que Cagnat no incorpora en su trabajo —si bien es a principios del siglo XX cuando se establecen los primeros modelos de trabajo prosopográfico— y que Lassère tan solo informa en tres brevísimas ocasiones «des enquêtes “prosopographiques”» (2007: 23, 67, 70). Estamos ante un sistema de trabajo, técnica o aplicación metodológica específicamente aprovechada para la Historia Antigua y muy en particular apoyada en la epigrafía. Elabora, pues, a partir de un paquete de información común a un grupo social homogéneo una especie de «biografía colectiva» (Caballos 1990: 191) de la cual se extraen normas de comportamiento generales propias de dicho grupo. Así nacieron obras señeras como la seminal Prosopographii Imperii Romani (PIR) desde la Academia de Berlín y la que consagró la técnica prosopográfica (Caballos 1990: 195), The Roman Revolution de Syme. Desde entonces congresos periódicos y nuevas publicaciones alimentan una investigación a la que no le faltan unos críticos que aducen el problema de la certeza de sus muestras estadísticas o sus extrapolaciones en base a tesis que simplifican determinados fenómenos. Debate, sin embargo, siempre necesario para que toda ciencia avance en el camino de la compleja búsqueda de la verdad histórica.

El tercer y último gran apartado presenta la tipología de inscripciones latinas. Algo también clásico en los manuales de epigrafía. Un capitulo introductorio prepara la sucesión consiguiente que nos sintetiza las diferentes categorías en que la tradición historiográfica de la materia —que por lo común suele seguir aquéllos estudios de los eruditos historiadores positivistas decimonónicos— ha subdividido las cientos de miles de inscripciones legadas. Es de notar cómo continúan la decidida línea impuesta en este manual de no olvidar hacer referencia tanto al soporte como al contexto, además de a las inscripciones en su forma intrínseca. En su afán por constituir una obra de referencia sus dos últimos capítulos se dedican a una cuestión no del todo tratada en otros manuales como son los instrumenta domestica así como las inscripciones sobre otros soportes —a modo de varia. Se recogen de tal forma las nuevas propuestas y orientaciones en torno a estas últimas materias, las cuales están ofreciendo multitud de nuevos datos en las últimas décadas.

Finalmente, para manejo del estudiante y del investigador se dispone en su parte final de unos apéndices con síntesis de factores siempre confusos por lo prolijo de sus denominaciones como son el cursus honorum y las abreviaturas utilizadas por convención en las inscripciones latinas. En este sentido no dejan de advertir la ausencia de pretensiones de minuciosidad remitiéndonos a obras con información más extensa y de habitual remisión a la hora de profundizar en un determinado aspecto de una investigación epigráfica.

Sin embargo, a pesar de su proclama de no contener todos los datos posibles —dada, por otra parte, la inabarcabilidad material que comporta esta disciplina— con respecto a los distintos listados de ejemplos, láminas u onomástica, el aparato crítico en cada uno de sus capítulos resulta de gran utilidad, de manera que cualquier interesado en un tema que trate el manual encontrará los estudios necesarios para, cuanto menos, comenzar su investigación.

Consideramos necesario comentar, por último, otro de los aspectos más importantes de la obra que no es sino su apertura a la vía telemática, i.e. Internet. Las más arriba mencionadas TICs se han convertido en un recurso que los docentes no deben dejar de incorporar al pensum de sus respectivas asignaturas. Y es que nos encontramos en un periodo dominado por lo digital y la investigación y la docencia se están incorporando con pasos agigantados a este mundo que comprende tantas posibilidades para ello. Desde la revolución informática de los años noventa del siglo pasado, que trajo consigo la proliferación de los ordenadores personales y la generalización del uso de Internet, no son pocas las posibilidades que todo ello ha ofrecido. Tal es así que este manual se ha hecho eco de ello disponiendo a lo largo de sus líneas de diversas direcciones a páginas web en las que se alojan catálogos o bases de datos de interés que amplían la información disponible en sus páginas. No en vano entre sus autores se cuenta a un miembro del equipo del provechoso proyecto de Hispania Epigraphica Online Database (HEpoL) gracias al cual muy pronto dispondremos a golpe de ratón el conjunto de inscripciones latinas de la Península Ibérica.

Así pues, y a modo de conclusión, Fundamentos de Epigrafía Latina se convierte en un vademecum del historiador —y/o aspirante a— de la Antigüedad, y como tal, del epigrafista. Sintetiza bajo un nuevo enfoque de apertura de miras la disciplina que estudia las manifestaciones del hábito epigráfico en su versión latina. Una epigrafía que no es sino un «rasgo distintivo de la cultura grecorromana», fundamental para lograr la compresión del Mundo Antiguo (Millar 1986: 93-94).

 

Bibliografía:

ABASCAL, J.M.: «Epigrafía Latina e Historia Antigua», Antigüedad y Cristianismo, 12, (1995), pp. 437-447.

ALFÖLDY, G.: «Esculturas, inscripciones y sociedad en Roma y en el Imperio Romano», Forum. Temes d’història i d’arqueologia tarragonines, (1996), pp. 5-19.

[ANDREU, J. (coord.): Fundamentos de Epigrafía Latina. Madrid, E-Excellence, 2009.]

CABALLOS RUFINO, A.: «La técnica prosopográfica en la Historia Antigua. Ante la pérdida de Sir Ronald Syme», Veleia, 7, (1990), pp. 189-207.

CAGNAT, R.: Cours d’Épigraphie Latine. Roma, L’Erma di Bretschneider, 1976 (1ª ed. de 1914).

LASSÈRE, J.M.: Manuel d’Épigraphie Romaine. París, Picard, 2007.

MILLAR, F.: «Epigrafía», en CRAWFORD, M. (coord.): Fuentes para el estudio de la Historia Antigua. Madrid, Taurus, 1986.

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