De otium antiquitatis: breve reflexión sobre el concepto de ocio clásico

reflexion

El concepto de ocio de los antiguos y el que entendemos veintiún siglos después no es el mismo. Para aclarar esta aparente obviedad es necesario detenerse en un análisis filológico-cultural a través del Mundo Clásico que conteste por sí solo a cualquiera que afirme lo contrario. En definitiva, la comparación de la areté y la virtus con el modo de vida actual no hace sino entristecernos y nos lleva al único deseo de envolvernos con el manto de los textos antiguos para evadirnos de esta aculturada anti-sociedad.

Entrada deudora de un artículo del profesor David Hernández de la Fuente acerca de la escuela del ocio y la filosofía antigua, referenciado al final de estas líneas.

ocio.

(Del lat. otĭum).

1. m. Cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad.

2. m. Tiempo libre de una persona.

3. m. Diversión u ocupación reposada, especialmente en obras de ingenio, porque estas se toman regularmente por descanso de otras tareas.

4. m. pl. Obras de ingenio que alguien forma en los ratos que le dejan libres sus principales ocupaciones.

socrates

La vita activa de los romanos y la bios praktikós de los griegos era dejada a un lado en un momento que denominaban otium en latín y scholé en griego —que no en vano dará lugar a nuestra escuela—: el tiempo libre. Pero su significado ha sufrido grandes cambios. ¿Qué quedó del concepto en el traspaso de la cultura griega a la romana, y qué ha llegado hasta nosotros de todo ello?

stoaEn primer lugar cabe preguntarse qué entendían los griegos por tiempo libre. Se trataba de la liberación de la tan desprestigiada necesidad de trabajar —la ascholía, el trabajo: no-ocio— que permitía disponer del tiempo necesario para la búsqueda de la sabiduría —su scholé implicaba instrucción— y la práctica de una vida virtuosa comparable a la de los dioses en el Olimpo. Un concepto en estrecha relación con lo espiritual y lo cultural alejado del esfuerzo físico que implicaba los asuntos laborales —pragmata— y, como es obvio, reservado tan solo para unos pocos —oligos. Desembarazarse de toda servidumbre[1] y dedicarse a la vida contemplativa del filósofo al modo socrático con su constante deambular por el ágora ateniense, id est, la discusión intelectual entre maestro y discípulos, lo que resultará, a posteriori, la citada escuela. El mejor discípulo de aquél, Platón, definirá la scholé a la manera de aquel tiempo ulterior que demanda el hombre que tiene satisfechas sus necesidades primarias. Aristóteles, por su parte, afirmará siguiendo una línea análoga que la filosofía y la ciencia nacieron del tiempo libre, y que el ocio es la última ocupación de los hombres sin el cual no se verán plenos. Todos clamaban la máxima de que era el Estado —la polis— quien debía proveer de ocio a sus ciudadanos con propósitos educativos.

rostraLos prácticos romanos, en cambio, otorgaron un carácter más popular al concepto alejándose del orden filosófico-político griego. Hablamos de un ocio privado y uno público —éste a su vez político— de descanso y placer —pax, tranquillitas— sobre un elenco de actividades a elección, tan manidas que no es preciso que las mencione aquí. Y es que los pragmáticos romanos veían en el ocio de talante filosófico heredado de los griegos sin utilidad alguna, algo que filósofos como Cicerón tratarán de otorgar sobre todo para su noción privada. Se trata así de un otium —ausencia de negotium— que se acerca ya a lo que nosotros entendemos por tiempo libre. Pero el abuso del mismo podía tomar una noción negativa de perezoso como hará después en la transformación del latín en lenguas romance como el castellano o el italiano.

Como digo, autores de la talla de Cicerón o Séneca trataron de hacer perdurar las connotaciones espirituales e intelectuales con que dotaron los helenos a su scholé y hablaron de dedicar el tiempo a estudiar las leyes, preparar discursos, escribir memorias o ensayar la retórica —otium consumere in historia scribenda (Cicerón, De Or. II 13,57)—; tareas a las que cabía dedicarse el buen ciudadano una vez retirado de la vida pública, lo que se dice un digno retiroin otium cum dignitate. En este sentido destaca la obra del estoico Séneca Sobre el ocio escrita una vez retirado y en la que alimenta el debate entre el hombre ocioso estudioso y su utilidad para con el Estado y la posteridad.

De tal manera quedó impreso el talante griego del ocio en el latino, ese que afecta al espíritu y que resulta más bien de carácter privado pues, situado en las villas suburbanas, se aleja de los espectáculos y aglomeraciones de la plebe. Es algo que se refleja hoy en la tercera y cuarta definición de ocio por la Real Academia:

3. m. Diversión u ocupación reposada, especialmente en obras de ingenio, porque estas se toman regularmente por descanso de otras tareas.

4. m. pl. Obras de ingenio que alguien forma en los ratos que le dejan libres sus principales ocupaciones.

El tiempo libre hoy ¿qué relación guarda con aquél llevado a cabo por los griegos o latinos como Cicerón o Séneca? Si bien es cierto que probablemente estemos lejos de llegar a la exacta noción que guardaban los antiguos sobre un complejo concepto como es el del ocio, cabe concluir que en una decadente sociedad como la capitalista actual donde, por un lado, la cultura del estrés hace mella sobre un cada vez menor espacio para el tiempo libre y, por el otro, el que lo posee —por bien o por mal— no suele sino desperdiciarlo con la superficial oferta generalista otorgada por el recurso audiovisual de masas —al modo de los circenses romanos, la dedicación a la filosofía, a la conversación, al debate o a la mera reflexión personal resultan una entelequia. El modelo de entretenimiento es fallido para una mejora de la sociedad a la que debiera conducir todo empleo del tiempo libre.

Al amante de la sabiduría de nuestros tiempos al menos le queda el pausado diálogo a través de la literatura clásica legada cuyo limitado número de textos nos otorga uno ilimitado de reflexiones.

——

[1] Como curiosidad añadir que la palabra griega douleia, que hace referencia a los trabajos de los esclavos, ha llegado al griego moderno muy significativamente como equivalente del trabajo en el marco de nuestra sociedad actual.

Bibliografía: HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, DAVID 2012: “La escuela del ocio: tiempo libre y filosofía antigua.” Cuadernos Hispanoamericanos Nº747.

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2 respuestas a De otium antiquitatis: breve reflexión sobre el concepto de ocio clásico

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