Los mitos y el arte: Teseo

Teseo y el Minotauro de Canova

Teseo y el Minotauro de Canova

Una de las cosas que más me gusta de la Historia Antigua y del Arte de esta época, son sus mitos y sus representaciones posteriores en los cuadros de la Edad Moderna y Contemporánea. Muchas veces estos cuadros pueden ayudarnos a recrear mentalmente las escenas contadas por los griegos y en este caso, me gustaría relatar la historia del héroe ateniense Teseo (al que muchos conoceréis por la historia del Minotauro).

Egeo, rey de Atenas, debido a su imposibilidad de tener hijos, se presentó ante el oráculo de Delfos para obtener su consejo. Allí recibió una respuesta que no comprendió, que hablaba de no desatar un odre de vino antes de llegar a su ciudad, Atenas. Como no entendía esta explicación, marchó a Trecén, donde Piteo comprendió el augurio del oráculo. Piteo instó a Egeo a unirse con su hija Etra y de esta unión nació Teseo.

Etra y Teseo de Laurent de la Hyre (1635 – 1640)

Teseo vivió durante su infancia y su adolescencia en Trecén, junto a su madre. A los dieciséis años ella decidió que era la hora de revelar a Teseo su origen y para ello, el joven debía mover una gran piedra, debajo de la cual estaban escondidas las sandalias y la espada de su padre. Decidido a darse a conocer, Teseo marchó hacia Atenas. Por el camino se encontró muchas aventuras, intentando imitar los Doce Trabajos de Heracles, pero no vamos a centrarnos en sus aventuras. A su llegada a Atenas, Teseo descubrió que su padre se había casado con Medea, la hechicera que había sido abandonada por Jasón, y con la que habían tenido un hijo, Medo. La hechicera hizo lo imposible por deshacerse de Teseo, hasta que en un banquete éste desenvainó su espada y Egeo descubrió la identidad del héroe. Medea fue desterrada.

Atenas durante años había servido vasallaje a Creta, donde el rey Minos gobernaba. Cada cierto tiempo, enviaban a la isla siete muchachos y siete doncellas, destinados a ser sacrificados en el Laberinto donde ocultaban al  monstruo Minotauro. Teseo, decidido a acabar con la vida del monstruo, se ofreció voluntario y marchó en el barco hasta Creta, prometiendo a su padre Egeo que en su regreso si llegaba vivo, aparecería con las velas del barco blancas y no negras.

Ariadne y Teseo

Ariadna y Teseo (autor desconocido)

Ariadna y Teseo de Bambini Niccolo

Ariadna y Teseo de Bambini Niccolo

Ariadna abandonada de J.W. Waterhouse (1898)

Ariadna abandonada de J.W. Waterhouse (1898)

En Creta, Ariadna recibió a Teseo, del que se enamoró. Decidida a ayudarle, le dio un ovillo de hilo que iría deshaciendo conforme se internase en el Laberinto. Después de matar al Minotauro y salir del Laberinto victorioso, Ariadna y él huyeron de la isla. Durante el trayecto de vuelta, Teseo abandonó a la joven, dormida en la playa y continuó su camino hasta Atenas. Olvidando su promesa de cambiar las velas negras por las blancas, Egeo que observaba su vuelta desde lo alto de un acantilado, presa de la desesperación al ver las velas negras, se arrojó al mar, que desde entonces tomó su nombre: el mar Egeo.

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