Vida cotidiana en la Edad Moderna: Relación de bienes del licenciado, médico y cirujano, don Miguel de Liaño

Inventario post-mortem de don Miguel de Liaño

La vida cotidiana en las distintas épocas a lo largo de la historia es un asunto que siempre llama la atención, pues son los detalles del individuo los que nos acercan más a los seres humanos. Así, he decidido exponer un resumen de un trabajo que hice este año sobre dicho tema en base a un testamento e inventario que recogí del Archivo Municipal de Burgos, situado en una bien conservada casa señorial de mediados del siglo XVI, el Palacio de Castilfalé. Se trata de un médico que falleció en 1726 y habitó en la ciudad de Burgos aproximadamente desde la segundo mitad del siglo XVII.

Retrato de Carlos II (1665-1700), de Carreño de Miranda

El contexto histórico en el que se enmarca la vida de don Miguel de Liaño es el de los reinados de Carlos II (1665-1700) y la primera parte del de Felipe V (1700-1746), es decir, un periodo caracterizado en rasgos generales por las intrigas políticas internas durante la vida de El Hechizado debido a los problemas de salud y sus complementarios de falta de heredero, lo que entronca con el cambio de dinastía y su Guerra de Sucesión (1700-1713) ya con Felipe V en el trono, pero dichos acontecimientos fueron los protagonistas en los inicios del nuevo siglo; tras la guerra, y hasta la muerte de nuestro protagonista, se siguieron años de cambio político con la puesta en marcha de políticas de distinto calado en sus aspectos socioeconómicos. Cabe comentar que nuestro protagonista vivió el sorprendente y efímero paso del rey Luis I por el trono de enero a agosto de 1724.

Detalle de uno de los retratos cortesanos de Felipe V (1700-1746)

En lo económico hay que decir que a partir de la década de los 80 el país comienza a salir de la crisis de siglo en que había caído España desde finales del dieciséis caracterizada por malas condiciones climáticas, presión fiscal y las sucesivas pestes (1596-1602; 1647-1652 y 1676-1685) que se llevaron a más de un millón de personas.

En cuanto a Burgos, todos estos factores hicieron que se frenase su desarrollo, dejando a una ciudad que había tenido más de 20.000 habitantes en el siglo XVI en los 8.000 del XVII (de los cuales se ha calculado que unos 2300 eran pobres). En el ambiente urbano se sabe de la gran mendicidad, de un aumento de la mortalidad infantil que moría por miseria – se aumentó la cantidad de niños expósitos – y el aumento de la limosna. El  estamento privilegiado sufrió una disminución de su cuantía y peso social, será la burguesía comercial, dedicada sobre todo al sector textil, la que impulsará la salida de este letargo en el que habían caído los nobles burgaleses. Junto a ellos hay que destacar en Burgos al clero, y entre el mismo a la gran cantidad de clero secular de escasa formación. A estos les seguían las clases medias y medias-altas profesionales, como es el caso de nuestro protagonista, que era médico, así como abogados, boticarios, abogados, etc. Finalmente encontramos a los artesanos y jornaleros.

Licenciado, médico y cirujano de la ciudad de Burgos, don Miguel de Liaño murió el 16 de diciembre de 1726. Dejó su herencia a Antonio Diez de Ubierna, como curador de los bienes que pertenecían a sus hijos menores de edad: Matías, Manuel, María y Juana. Antonio Díez de Ubierna, padre de Agustina Díez de Ubierna, su mujer. El inventario está hecho por Alonso Núñez Carrasco, abogado de los Reales Consejos y Teniente de Corregidor,  a 14 de Junio de 1727, un año después de su muerte; un notario da fe y notifica el testamento así como los testigos que estarán presentes en la tasación e inventario de los bienes, cuyas signaturas podemos observar en el documento original.

El inventario no está ordenado por estancias, por tanto hay que imaginarse en qué lugar de la casa están los tasadores en ese momento, por el tipo de objetos y bienes que están citando. En todo caso, se habla de dos escaleras, no se dice si son fijas o no, pero al estar tasadas, supongo que eran movibles. Se puede intuir que había dos pisos, en el piso inferior el almacén y cocina y en el superior un salón con las diferentes habitaciones. Al exterior, la única referencia que aparece en el texto es la de un balcón, probablemente en la sala principal de la vivienda, donde hay una celosía que valoraron en treinta reales.

Recreación ideal de una habitación del siglo XVII-XVIII

Se hace referencia a a dos escritorios, varias mesas y sillas, tres escaparates, taburetes y dos arcones. El escaparate me llama la atención, pues en el siglo XVII es un mueble considerado de lujo, es un objeto para mujeres donde guardar sus alhajas y joyas. Esta familia tenía seis camas, tres catres, probablemente para los hijos, y una de colgadura de los padres en su habitación, donde también tenían varias cajas y cofres, así como un arcón, un armario valorado en 150 reales, un copero, una frasquera, varias mesitas y una caja para guardar un brasero. Contaba a su vez con una alcoba, la mujer de Miguel de Liaño es posible que se dedicara a tejer, puesto que tiene un aspa de pino de torno, que se utilizaba para hilar madejas.

Chocolatera del siglo XVII

A partir de aquí, comienza con descripciones propias de una cocina o una alhacena: tenemos un entremijo (para realizar queso), varias arcas y arcones, una mesa de naveta y varias sillas, dos tinajas para aceite y elementos de cocina variados (mortero, cuchillera, cántaros, parrillas, trébedes, etc), destacan dos chocolateras, elemento que indica una elevada posición social. También lo indica el hecho de que posean variados útiles de plata como un azucarero, un pimentero. varios vasos y cubertería de dicho metal, y de oro (sobre todo alhajas). A su vez, un elemento de iluminación como es una palmatoria, nos hace intuir que la casa contaba también con una capilla pequeña, puesto que también hay presencia de una pila de agua bendita, una campanilla, varios santos de Burgos, varias vírgenes, una cruz de Caravaca de plata y varios relicarios (en alguno hallamos cosas tan inauditas como una mano de tejón o una calavera).

Cruz de plata del siglo XVII

Entre la decoración de la casa, cuenta con una gran cantidad de cuadros (unos treinta), si bien no demasiado valorados, pero cuya cantidad da a entender que o bien la casa era grande, o había una excesiva decoración. La presencia mayoritaria de cuadros religiosos sumado a esa pequeña capilla que podrían poseer, hace intuir que era una familia devota y religiosa, al tipo de la época, además, con interés por la cultura pictórica, quizás simbolice la emergente situación económica de la familia, que actuaba al modo de los coleccionistas nobiliarios.

Relicario del siglo XVII

En cuanto a los libros, el inventario muestra una buena colección de libros (116) tanto religiosos como de gramática y ciencia, puesto que no olvidemos que don Miguel de Liaño era médico y cirujano (92 son de dicho tema). No especifica demasiados títulos y autores de la biblioteca de nuestro personaje, destaca un Vocabulario de Nebrija, y clásicos médicos como Hipócrates o Avicena.

En lo relacionado a la profesión de don Miguel, la de médico y cirujano, encontramos en el inventario varios instrumentos como un palmarés (para historiales médicos), un cauterio, cuchillares (bisturíes), legras, un espéculo, dos sierrecitas (amputaciones), jeringuillas, hilo para coser y un estuche para guardar las distintas herramientas de su oficio. Sabemos que en Burgos tendría que hacer frente a enfermedades sobre todo de carácter estacional, en invierno, como destilaciones, catarros, reumatismo, tuberculosis o bronquitis crónica, neumonías, paludismo, fiebres tifoideas, disentería y tifus. Respecto a la cirugía haría frente a tumores, anginas, la extracción de muelas y dientes, amigdalitis, abscesos de variada etimología y carbunco.

Analizando los textiles y ropajes que tenían en esta familia es posible establecer, según su clase y calidad, en qué nivel de riqueza vivían. Por cada habitación parece haber una sábana, una colcha y una almohada, una para cada miembro de la familia y para todas las camas que había en la casa. Además, hay sábanas viejas usadas. El textil usado para estas es sobre todo lienzo delgado bien tratado, lo que hace deducir que eran sábanas de buena calidad, no de un material delicado como la seda, pero pocos tenían en esta época sábanas para toda la familia de buena calidad. Junto a la ropa de cama, hay que destacar que se cuentan hasta nueve colchones de lana. Hasta entonces habían sido de paja o plumón, lo cual demuestra el avance en la comodidad, cosa que igualmente sólo se podían permitir unos pocos. Hay presencia de catorce cortinas con barra para colgar, solo las clases más pudientes podían costearse tener cortinas; los más pobres, tenían que cerrar las ventanas con madera o lienzo encerado para evitar la entrada del frío.

Se suceden también las toallas, tapices y grandes cantidades de ropa de menaje, servilletas (39) o manteles (17) y varios paños de manos y de cara en uno de los cuales se dice que es «paño de barba de Morles» proveniente de este pueblo de Francia. La tela es lienzo la más abundante, hallamos también estopa, beatilla, encaje, algodón, lino, seda, lana, raso, tafetán, felpa y damasco entre otras. Muchos de estos tejidos y telas son de gran vistosidad y riqueza. Es posible que la mujer de don Miguel de Liaño se hiciera sus propios vestidos, al poseer como he nombrado más arriba, elementos propios de la costura.

Mujer noble de la España del siglo XVII, ejemplo de vestido y abanico de época

Finalmente, la ropa de vestir y los complementos ocupan un buen lugar en el inventario post-mortem de Miguel de Liaño. En cuanto a la ropa interior contaban con veinte camisas de lienzo, tanto para hombre como para mujer, así como alguna camisola, doce pares de calcetas (una especie de medias más cortas que llegaban hasta la rodilla y solían estar hechas de hilo) y doce pares de calzoncillos para hombre de lino. Hay que decir que en la Edad Moderna, sobre todo en los siglos XVI y XVII la higiene personal no era como la de ahora, de hecho, el acto de sumergirse en agua no estaba bien visto pues se pensaba que el agua no era salubre y a través de ella se traspasaban las diversas enfermedades. El tipo de higiene que se daba en estas épocas era la “higiene seca”. Esto consistía en enjugarse el sudor, cambiarse de ropa limpia y perfumarse. De ahí que la ropa blanca en las casas modernas fuera algo fundamental.

Zapatos de mujer del siglo XVII-XVIII

Algunos de los complementos para la vestimenta masculina y femenina que se encuentran en el inventario, son corbatas, carteras, guantes, zapatos, capotes, casacas por un lado y escotes, cintas, ligas de seda, bolsos, pañuelos, medias, vuelos (adornos de muñeca), mantillas, vestidos (13), etc.

En las casas del setecientos se ha documentado existencia de instrumentos musicales y juegos, que evidenciaban una vida de relaciones y de tiempo libre. Estos instrumentos estaban en casas de aristócratas o familias de alto nivel adquisitivo. En este inventario post-mortem he encontrado dos manicordios, uno en peor estado que otro. De este modo, es posible que en esa casa se oyesen melodías en momentos de ociosidad.

La última parte del inventario aborda las deudas que tenía por deber o por recibir el licenciado Miguel de Liaño. En este último apartado se recuenta el total del dinero que han de recibir sus herederos. En el lugar en que recuenta sus haciendas se hace alusión alusión a la procedencia de Miguel de Liaño, que nació en Pinilla del Valle de Carrión. Allí dejó por vienes propios una cuarta parte de un parral y tres carros de tierra. Al parecer, estas tierras las tenía arrendadas a Francisco de Liaño (¿un hermano?) del que no recibió renta alguna, pero con el que tenía un acuerdo: debía mantener las tierras bien labradas.

Como conclusión, después de analizar todo el inventario post-mortem y de ir viendo los elementos que iban apareciendo, he de decir que si bien no era un noble de alta alcurnia, si pudo ser un hidalgo hijosdalgo enriquecido. Por lo que he podido deducir, tal vez su mujer, Agustina Díez de Ubierna, fuera de una familia con poder, puesto que su dote consistía en heredades, no dinero. Es posible que ambos vivieran de las rentas, no siendo comerciantes enriquecidos como sería en el caso de formar parte de las rentas.

Su casa no aparenta ser una gran casa señorial con partes bien diferenciadas y muchas habitaciones. Sin embargo, sería una casa amplia, de varias plantas y un mobiliario muy rico para la época, donde abundan materiales buenos de nogal, pino o roble. En total he podido diferenciar una cocina, un par de almacenes, un sala grande central donde estuviera la librería y los escritorios, así como varias habitaciones, que según las camas que poseían, bien podrían ser seis habitaciones en total, aunque lo más probable es que se distribuyeran las camas en varias habitaciones, sobre todo en caso de los niños. También se intuye que la mujer pudiera tener una sala para su intimidad, o lo que es lo mismo, un estrado donde tejer y hacer labores femeninas.

En definitiva, Miguel de Liaño fue un médico rico que vivió en un ambiente lleno de comodidades, así como erudito con lecturas cualificadas para aumentar su formación. Dedicado a un servicio público, no artesanal, vivió de las rentas que le producían sus varias heredades en diferentes barrios de Burgos. Murió al albor de una época llena de novedades científicas y descubrimientos en medicina.

Adriana.

– BIBLIOGRAFÍA:

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