Casco de la Guerra de Troya

Casco micénico con dientes de jabalí (Museo Arqueológico Nacional de Atenas)

En el canto X de la Ilíada Homero nos describe un casco compuesto por dientes de jabalí que la arqueología define como micénico y del cual se conocen dos ejemplares hallados en Micenas y Heraklion (Creta). Resulta una excelente coincidencia entre la arqueología y una fuente literaria que nos ayuda a imaginarnos mejor a los guerreros de principios del primer milenio a.C. y a otorgar mayor verosimilitud histórica a la épica historia del poema homérico.

Contextualizo el texto para comprender mejor su lectura. Nos encontramos casi a la mitad del poema, aún persiste la cólera de Aquiles que se niega a luchar con los griegos, a pesar de que estos, tras unas jornadas de derrotas y avance troyano, que ya se encuentran cerca de sus naves,  le remiten sus súplicas en su tienda para que la deponga (canto IX).

Así, ya en el canto X, los griegos no pueden dormir debido a los agrios avatares de la guerra y, tras reunirse en ágora, deciden realizar una incursión en campamento teucro en pos de hacer algún prisionero o averiguar los planes enemigos. Se ofrece en primer lugar para dicho cometido el héroe Diomedes, al que el texto se referirá con el patronímico de Tidida; y el pastor de hombres Agamenón le pide que elija a otro para acompañarle…

Si me mandáis que yo mismo designe al compañero, ¿Cómo no pensaré en el divino Odiseo, cuyo corazón y ánimo valeroso son tan dispuestos para toda suerte de trabajos y a quien tanto ama Palas Atenea?

Tras la elección, ambos son armados antes de partir: Diomedes por el hijo del rey Néstor de Pilos, Trasímedes, y Odiseo por el arquero cretense Meriones. Es en ese momento cuando Homero describe el casco al que está dedicado esta entrada… 

En diciendo esto,  vistieron entrambos las terribles armas. El intrépido Trasímedes dio al Tidida una espada de dos filos -la de este había quedado en la nave- y un escudo; y le puso un morrión de piel de toro sin penacho ni cimera (…) Meriones procuró a Odiseo arco, carcaj y espada, y le cubrió la cabeza con un casco de piel que por dentro se sujetaba con muchas y fuertes correas y por fuera presentaba los blancos dientes de un jabalí, ingeniosamente repartidos, y tenía un mechón de lana colocado en el centro (…) Una vez revestidos de las terribles armas, partieron y dejaron allí a todos los príncipes. Palas Atenea envioles una garza, y si bien no pudieron verla con sus hojos, porque la noche era obscura, oyéronla graznar a la derecha del camino. Odiseo se holgó del presagio y (…) después de orar a la hija del gran Zeus, anduvieron en la obscuridad de la noche, como dos leones por el campo, pues tanta carnicería se había hecho, pisando cadáveres, armas y denegrida sangre.

Homero, Ilíada X (254-298)

Casco micénico con dientes de jabalí hallado en Heraklion, Creta

He decidido no cortar el texto justo después de la descripción ya que a continuación la diosa Atenea, protectora de los griegos durante la guerra, envía un buen presagio en forma de ave a la derecha del camino, los héroes entonces saben que su misión irá bien; matarán al espía que, a su vez, enviaban los troyanos, Dolón, y al rey tracio Reso. También llama la atención la macabra descripción del campo de batalla por el que caminan en la noche, si bien es habitual durante los cantos encontrarnos con ellas, para sorpresa del lector primerizo.

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