El hombre más feo entre los griegos

La Ilíada es un libro que guarda innumerables curiosidades y aventuras de dioses y héroes que han inspirado arte y literatura a lo largo de los 2700 años que hace que los poemas homéricos fueron compuestos. Como no podía ser menos yo soy un cautivo más de sus versos y en mis apuntes tengo marcas por todas partes como posibles nuevas entradas para el blog. Esta es una que me atrae especialmente, pues para comprender su magnitud hemos de ir más allá de la superficialidad del elemento hilarante del personaje Tersites y observar su carácter sociológico de comportamiento humano, sin el cual el verdadero progreso social no hubiera avanzado ni avanzará como no lo recuperemos.

La cólera de Aquiles se había desatado tras el oprobio cometido por Agamenón, pastor de hombres, de quitarle el botín de la joven Briseida. Zeus, dios de dioses, que se mostraba favorable a vengar la injuria recibida por el héroe, envió un sueño al rey de Micenas…

Anda, ve, pernicioso Sueño, encamínate a las veleras naves aqueas, introdúcete en la tienda de Agamenón Átrida, y dile cuidadosamente lo que voy a encargarte…

…incitándole a mostrar batalla con la esperanza de la victoria. Cuando apareció la estrella de la mañana, reunió en ágora a toda la hueste griega previa consulta con sus notables. Debía incitarlos a guerrear y, en una estratagema para probar la fe de sus compatriotas, les comunicó…

En grave infortunio envolviome Zeus Crónida (…) pues ahora me ordena regresar a Argos, sin gloria, (…) huyamos en las naves a nuestra patria tierra, pues ya no tomaremos Troya, la de anchas calles.

Muchos comenzaron los trabajos de recogida y puesta a punto de las naves para, tras nueve años de guerra, partir de vuelta al hogar. Y así hubiera sido si Odiseo, inspirado por Atenea, no les detuviere…

Cuando encontraba a un rey o a un capitán eximio, parábase y le detenía con suaves palabras (…), cuando encontraba a un hombre del pueblo gritando, dábale con el cetro y le increpaba (…), actuando como supremo jefe, imponía su voluntad al ejército.

De esta manera logró apaciguar los ánimos, no así el de Tersites…

que, sin poner freno a la lengua, alborotaba. Ése sabía muchas palabras groseras para disputar temerariamente, no de un modo decoroso, con los reyes; y lo que a él le pareciera, hacerlo ridículo para los argivos. Fue el hombre más feo que llegó a Troya, pues era bizco y cojo de un pie; sus hombros corcovados se contraían sobre el pecho, y tenía la cabeza puntiaguda y cubierta por rala cabellera. Aborrecíanle de un modo especial Aquileo y Odoseo, a quienes zahería; y entonces, dando estridentes voces, decía oprobios al divino Agamenón. Y por más que los aqueos se indignaban e irritaban mucho contra él, seguía increpándole a voz en grito:

-¡Átrida! ¿De qué te quejas o de qué careces? Tus tiendas están repletas de bronce y en ellas tienes muchas y escogidas mujeres que los aqueos te ofrecemos antes que a nadie cuando tornamos alguna ciudad. ¿Necesitas, acaso, el oro que alguno de los teucros, domadores de caballos, te traiga de Ilión para redimir al hijo que yo u otro aqueo haya hecho prisionero? ¿O, por ventura, una joven con quien te junte el amor y que tú solo poseas? No es justo que, siendo el caudillo, ocasiones tantos males a los aqueos. ¡Oh cobardes, hombres sin dignidad, aqueas más bien que aqueos! Volvamos a las naves a la patria y dejémosle aquí, en Troya, para que devore el botín y sepa si le sirve o no nuestra ayuda; ya que ha ofendido a Aquileo, varón muy superior, arrebatándole la recompensa que todavía retiene. Poca cólera siente Aquileo en su pecho y es grande su indolencia; si no fuera así, Átrida, éste sería tu último ultraje.

Semejantes palabras se atrevió el menudo Tersites a zaherir al rey Agamenón, de inmediato, Odiseo, furioso le contestó amenazante:

¡Tersites parlero! (…) calla y no quieras tú solo disputar con los reyes. No creo que haya un hombre peor que tú entre cuantos han venido a Ilión con los Átridas (…) si vuelvo a encontrarte delirando como ahora, no conserve Odiseo la cabeza sobre los hombres, ni sea llamado padre de Telémaco, si no te echo mano, te despojo del vestido (…) y te envío lloroso del ágora a las veleras naves después de castigarte con afrentosos azotes.

Así, pues, dijo, y con el cetro diole un golpe en la espalda y los hombres. Tersites se encorvó mientras una gruesa lágrima caía de sus ojos y un cruento cardenal aparecía en su espalda debajo del áureo cetro. Sentose, turbado y dolorido; miró a todos con aire de simple, y se enjugó las lágrimas. Ellos, aunque afligidos, rieron con gusto.

Todos los fragmentos que he utilizado  se refieren al  canto II (Editorial Austral, traducción Luis Segalá y Estalella )

Aquí finaliza el papel de nuestro protagonista en la Ilíada, si bien no en las epopeyas sobre el ciclo de la Guerra de Troya en las que destaca su muerte a manos de Aquiles tras sacarle los ojos a la bella amazona Pentesilea, que el mismo héroe había abatido y de quien se había enamorado al verla morir.

Mucho ha inspirado este personaje homérico a la literatura universal (Shakesperare en Troilo y Crésida, o S. Zweig),  y al pensamiento filosófico, en autores como Hegel o Nietzsche, por su carácter subversivo frente a la autoridad establecida, de lo que quizá sea el precursor, y que bien puede observarse en sus palabras contra Agamenón.

En relación con esto último, y para terminar, navegando por la red para ver qué encontraba sobre el tema, me he topado con dos páginas que merece la pena visitar. La primera es sobre filosofía y sociología, concretamente un artículo titulado La perspectiva de Tersitesun análisis del comportamiento tersitiano poniendo algún ejemplo dramático de la guerra civil española y trasladándolo hasta nuestros días en lo que concierne al 15m. La segunda expone unos sonetos de Raúl Campos de los que me quedo con el titulado Tersites soy, mi rey y que os transcribo a continuación:

LXXVIII

Frente a Ilios elevo nueve años
ya mis ojos llorosos y añorantes
de la isla que asedios aberrantes
sepultaron con céfiros huraños.
.
Sus murallas traslucen los antaños
que alegres fueron y ahora lacerantes
escupen en mi rostro sus desplantes
a estos tiempos que tengo por extraños.
.
Maldito Agamenón, que me retienes,
colmado en tus riquezas expoliadas
al sudor que brotaba de mis sienes.
.
Tersites soy, mi rey, y tus celadas
no podrán cercenar la voz de quienes
anhelan regresar a sus moradas.

Esta entrada fue publicada en Filosofía, Grecia, Historia Antigua y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a El hombre más feo entre los griegos

  1. Pingback: El hombre más feo entre los griegos :: Historiador.Net ::

  2. Midder dijo:

    Muy interesante el artículo. Nunca había leído sobre este personaje en concreto de la Ilíada🙂

    • Marco dijo:

      Gracias! La verdad es que es muy curioso, y me sorprendió descubrir lo mucho que ha influido y se ha hablado del amigo Tersites.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s