Sociedad cortesana del siglo XVII. Recensión del capítulo XIII de “España, Europa y el Mundo de Ultramar” de John H. Elliott.

 

Tanto Rubens (Mantua, Madrid, Francia, Inglaterra y Bruselas), Van Dyck y Velázquez sabían lo que era vivir en la corte, sabían lo que había en sus entrañas y convivieron con la ambición, las intrigas y la corrupción que la caracterizaba.

Las Meninas, de Velázquez

Existía una dicotomía clara entre la corte y la provincia a la que tanto nobles como los monarcas huían de vez en cuando para esparcirse con actividades como la caza, lejos de las grandes ciudades. La corte era el centro político y cultural de la sociedad del siglo XVII; político porque allí habitaba el rey y era su lugar de trabajo, además de que con él convivían sus ministros, consejeros y funcionarios; cultural porque los artistas de la época acudían al rey en busca de mecenazgo y al final terminaban conviviendo con el resto de la corte.

La corte hacía las ciudades donde se instalaban los reyes que iban aumentando de población conforme pasaba los años, teniendo en cuenta que los sirvientes, funcionarios, cortesanos y la propia familia real se trasladaban juntas. Por ejemplo, Madrid llegó a tener 130.000 habitantes de los 10.000 de su comienzo y lo  mismo ocurrió con otras cortes, como Bruselas. Las ciudades cortesanas pues, se convirtieron en un lugar de diversiones y ociosidad para sus habitantes. Se levantaron mansiones en la periferia y se adaptaron parques para el esparcimiento de sus ciudadanos.

Felipe II vistiendo al puro estilo borgoñón

Las cortes tenían un modelo común y compartían una serie de características. Siempre giraban en torno al monarca y la familia real y dependían del protocolo y la etiqueta, la cual se ajustaba al modelo borgoñón desde que Eduardo IV decidió imponerla. En Castilla fue Carlos V quien lo introdujo en la corte castellana. El objetivo de este protocolo era proteger la imagen y persona del Rey, tanto que se llegó a un aislamiento del propio monarca como en el caso de Felipe II, resguardado tras una serie de salas vigiladas por funcionarios de la corte.

Dentro de los miembros de la corte, había varios funcionarios de mayor rango que en cada corte recibían un nombre, pero en la castellana eran el Mayordomo Mayor, el Grand Chamberlain y el Master of the Horse. A estos personajes había que sumar el Capellán Mayor, el Gentilhombre de la Casa y el Gentilhombre de la Boca. El símbolo que permitía tener acceso a la persona del Rey era una llave de oro. Al aposentador real se le encargaba la decoración y limpieza del palacio, tenía poder sobre las llaves y una de ellas era una llave doble que permitía el acceso a todas las estancias del palacio. Velázquez lo fue.

El Escorial, palacio real de los Austrias

Con tantas habitaciones y personajes habitando en el palacio, muchas veces resultaban laberintos que no ayudaban a la hora de aplicar el código borgoñón. Por eso en el caso de Madrid se decidió construir otro palacio (El Escorial), en Bruselas se hizo una gran remodelación del palacio de Coudenberg, y al Whitehall de los Estuardo se le añadió un edificio llamado Banqueting House al gusto paladiano. Estas ansias por construir y el fervor cortesano del siglo XVII se deben al periodo de paz que tuvo Europa. Inglaterra y España habían firmado la paz al igual que Francia y España. Del mismo modo se firmó la tregua de doce años entre Holanda y España. Como el dinero no había que gastarlo en la guerra se invirtió en la corte, en fiestas y festines.

Además fue un periodo de cambio de monarcas: Felipe II murió y entro a gobernar un rey joven, Felipe III; Isabel I murió y en su lugar no sólo se cambió de monarca, sino también de dinastía con el cambio de los Tudor a los Estuardo con Jacobo VI; en los Países Bajos la llegada de los Archiduques abrió nuevos horizontes.

En este auge de las cortes los nobles fueron trasladándose a las ciudades adquiriendo o construyendo sus mansiones en la ciudad. Querían entrar en contacto con la corte y conseguir puestos dentro de la misma y así aumentar su poder. Tanto en Madrid, Bruselas e Inglaterra se buscaron maneras para frenar la llegada de parásitos. Al mismo tiempo se otorgó poder especial a personas cercanas al rey, como al Duque de Lerma o el Duque de Buckingham. El Duque de Lerma aprovechó estos privilegios para aumentar su fortuna y la de su familia y también para construir su propio palacio en Lerma. Se hizo gran coleccionista de obras de arte, lo cual empezaba a ser muy común entre miembros de la nobleza acaudalada que competían por ser más y mejor que sus rivales.

Felipe IV por Velázquez

Los reyes Felipe III y Jacobo VI no mostraron tanta abnegación por las artes, al contrario que el archiduque Alberto que usó el mecenazgo y el culto a las artes como un símbolo de progreso en los Países Bajos del Sur en contra de las Provincias Holandesas del Norte que se había separado años atrás. De este modo comenzó un periodo de competitividad entre las cortes de Londres y Madrid. Carlos I pretendía la gran colección de arte de los Austrias y Felipe IV quedó impresionando con la cultura del monarca inglés. En 1620 había en Europa un cosmopolitismo que entró en las cortes principales que además transcendía en muchas cosas las cuestiones religiosas.

El hombre que vivió en las tres cortes fue Rubens el cual sirvió de mediador entre los dos reyes para la guerra que había entre ambos. Sirvió como diplomático de estas ciudades hasta que a la muerte de Isabel Clara Eugenia pidió emanciparse de la corte y vivir en libertad, aunque continuó trabajando en encargos para los reyes a los que había servido. Rubens no llegó a apreciar la corte tan bien como otros lo hicieron -véase Anton Van Dyck, amante del buen vestir y la vida cortesana de Carlos I-.

Autorretrato de Rubens

Autorretrato de Rubens

Van Dyck, autorretrato

Van Dyck, autorretrato

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En Madrid y en Inglaterra se representaban obras de teatro que nada tenían que ver con la vida real del exterior, intentando vivir en un cuento que pronto se desvaneció. En 1641 en Inglaterra, Escocia e Irlanda el efecto duró poco debido a la revolución; en Castilla el despertar fue a causa de las rebeliones de Cataluña y Portugal. El descontento del pueblo iba en aumento y aunque Olivares se retiró del cargo y el rey trató de gobernar por él mismo no hizo nada por cambiar el estilo de vida cortesano y ostentoso.

En este ambiente cortesano tres de los mejores pintores de la época moderna vivieron enjaulados en las redes de las cortes que en el caso de Velázquez supondrán una excusa para sacar el genio que tenía dentro.

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