Primera astronomía (II): Egipto y Grecia

Debido a mi pasión por la astronomía no me he quedado tranquilo haciendo nada más que una entrada sobre su importancia y desarrollo en la antigüedad asi que publicaré, en principio, un par de ellas más. En esta ocasión, como indica el título, comentaré la incisión que tuvo para la civilización egipcia la observación del firmamento y las primeras teorías que surgieron en Grecia para dar explicación a los movimientos de los astros.

Isis - Sirio

En el antiguo Egipto observaron que el desbordamiento del Nilo coincidía con la salida de Sirio, estrella más brillante del firmamento situada en la constelación de Can Mayor  (bajo Orión) e identificada con la diosa Isis -diosa de la maternidad y el nacimiento-. Ese momento coincidía aproximadamente con el solsticio de verano y era entonces cuando comenzaba el año para ellos. Este lo dividían en tres estaciones determinadas por los trabajos agrícolas: Inundación, Siembra y Recogida, con cuatro meses cada una determinado por las fases de la Luna. La información la obtenemos más que por documentos escritos (papiros), por sarcófagos y templos decorados.

Existen muchas hipótesis sobre la orientación astral de numerosos templos y mausoleos faraónicos, aunque son difíciles de demostrar por la precesión de los equinoccios, es decir, por el lento balanceo del eje terrestre, que nos hace complicado saber la posición que ocupaban determinados asterismos.

Grecia: el universo geométrico. Los filósofos griegos recogieron los conocimientos de los astrónomos caldeos y con su paciente y exhaustiva inspección del cielo abrieron el camino a la astronomía científica, con cálculos matemáticos y predicciones de fenómenos como eclipses (Tales de Mileto en 585 a.C.), posiciones planetarias… Estos amaban la geometría, buscaban la perfección en el orden y la armonía de las formas, en la regularidad y proporción. Eso mismo lo observaban en las llamadas estrellas fijas, que hacían su recorrido en círculo de este a oeste, pero no siempre se daban esas características en el firmamento, pues existían errantes (πλανήτης, “planétes”) que vagaban por la región de las estrellas fijas describiendo curvas, bucles o lazos sin orden aparente. De estas sabían que dos eran interiores, entre la Tierra y el Sol (Marte y Mercurio) y tres exteriores, más allá del Sol (Marte, Jupiter y Saturno).

Pronto comprendieron que la Tierra era esférica y que el eje en torno al cual giraba se encontraba inclinado de tal modo que algunos grupos de estrellas dejaban de verse periódicamente y otros no desaparecían nunca. Su error, infundido por la lógica del observador, fue pensar que se hallaban sobre una Tierra inmóvil y situada en el centro de un cosmos compuesto por esferas que giraban concéntricas a la misma, la última  de las cuales correspondería al de las estrellas fijas. Admitían que todos los astros eran incorruptibles, eternos e inmutables, con tersas superficies cristalinas y trayectorias perfectamente circulares, hipótesis que se mantendrá hasta Galileo en el siglo XVI, primero en observar con su telescopio las rugosidades de la Luna, que también contaba con cadenas montañosas y valles, al igual que la Tierra.

Hipótesis del universo geocéntrico griego

Una primera analogía la daría Anaximandro de Mileto (s. VI a.C.) comparándo este cosmos con una rueda de carro, girando uniformemente en torno a la Tierra. Y así, muchos filósofos de las distintas escuelas del Egeo se aventuraron con hipótesis cosmológicas más o menos acertadas, destacaré la de Heráclides de Ponto (s. IV a.C.), discípulo de Aristóteles, que añadió al esquema establecido que los planetas Mercurio y Venus giraban alrededor del Sol, que a su vez lo hacía alrededor de la Tierra, y esta giraría en torno a su eje permaneciendo las estrellas fijas inmóviles.

La importancia que radica en el tema del que estoy hablando, es , bajo mi punto de vista, que por primera vez el Ser Humano se hacía preguntas que trataban de ser respondidas por medio únicamente de la razón, dejando atrás las explicaciones mitológico-religiosas o las tradiciones orales de siglos atrás, que ya no convencían a las mentes más inquietas de la época.

Llegamos así a la época helenística (s.III-I a.C.) en la que continuaron surgiendo las hipótesis comsmológicas, situándose como núcleo de conocimiento la ciudad de Alejandría. Pero de ello hablaré en la siguiente entrada sobre el tema.

Eclipse de sol en Tucídides

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5 respuestas a Primera astronomía (II): Egipto y Grecia

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  5. africano dijo:

    en primer lugar felicidades por el blog es muy interesante.
    Yo también soy aficionado a la astronomía y me encanta la historia de la astronomía.
    Una cosa que no acabo de entender es la idea de que hasta la llegada de Galileo se considerasen todos los cuerpos celestes perfectos y “con tersas superficies cristalinas” cuando a simple vista se percibe que la Luna tiene “manchas”.
    Me interesaría su opinión sobre este tema.

    Un saludo
    Carlos

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