La sociedad romana a través de las sátiras de Juvenal (VI): Peroratio

Sociedad Romana a través de las Sátiras de Juvenal

Con esta entrada a modo de conclusión (peroratio) terminamos esta serie centrada en las sátiras de Juvenal y el reflejo que irradia de la sociedad romana de su tiempo. No quisiera dejar de referenciar el siguiente artículo interesantísimo sobre las locuciones más conocidas del poeta latino titulado “Panem et circenses” y otras frases célebres de Juvenal.

- La sociedad romana a través de las sátiras de Juvenal (V): un día en Roma

- La sociedad romana a través de las sátiras de Juvenal (IV): la Urbs

- La sociedad romana a través de las sátiras de Juvenal (III): la educación

- La sociedad romana a través de las sátiras de Juvenal (II): el banquete

- La sociedad romana a través de las sátiras de Juvenal (I): introducción

Como afirma Carcopino (1993) en el prólogo de su famosa obra, si no queremos que la «vida del romano» se pierda en anacronismos o en meras abstracciones, es preciso comenzar por estudiarla en el marco concreto de un periodo estrictamente definido. De tal manera me he centrado en el tiempo delimitado por la experiencia propia del autor analizado, Juvenal, que se corresponde aproximadamente con el primer tercio del siglo II d.C., lo cual no en vano se acerca al tratado en la obra del investigador francés que se centra en el apogeo del Imperio.

A lo largo de las entradas he abarcado en distinta medida el medio físico con su aglomeración de gentes, el medio social con la jerarquía impuesta y el medio moral con su estrecha relación entre lo espiritual y lo mundano.  Y el panorama que resulta es suficiente para que podamos darnos cuenta de las enormes diferencias que existían entre los habitantes del Imperio y, en concreto de la capital del mismo, lo no deja de ser consustancial a la naturaleza de una sociedad del Mundo Antiguo. Si bien durante el periodo republicano los derechos de los ciudadanos, en cuanto a la participación política se refiere, se habían incrementado, en el periodo del Principado, por su parte, a pesar del enmascaramiento de los valores antiguos, ahora, como afirma el propio Juvenal en juiciosa definición, ya no tenían a nadie a quien vender sus votos, y todo era controlado por el pseudo-monarca, el imperator o princeps.

De cualquier manera, antiguas tradiciones como la relación de los clientes con sus patronos, de raigambre primitiva, sobrevivían como bien se describe con las escenas de salutatio matutina tan proclives en los versos del poeta. Otro elemento siempre presente en la historia, no ya antigua sino incluso a nivel universal, es la figura del pobre de solemnidad o mendigo-vagabundo callejero, al que despreciaba el patricio y donde temía caer el empobrecido plebeyo en periodos de crisis. En la misma línea incluiría al tantas veces nombrado oficio más antiguo, el de la prostitución, aludida en multitud de ocasiones gracias al conocimiento que hemos podido adquirir debido al excelente grado de conservación del famoso lupanar pompeyano así como de su repetida aparición en la literatura grecolatina. La riqueza de las escenas que nos brinda Juvenal nos ha permitido imaginarnos la Roma diurna de las literas transportadas a pulso por esclavos del limes, deudores en busca y captura por sus codiciosos acreedores, las bibliotecas con sus eruditos poetas, las basílicas con sus corruptelas y el puerto con marineros metidos a bardo así como las dos caras de la misma moneda respecto a los templos, con la religiosidad de unos y la lascivia de otros; pero cuando Apolo-Helios conducía su carroza más allá de las Columnas de Hércules los peligros amenazaban al viandante y era más recomendable permanecer en sus hogares, por miserables que fueran, con el candado echado.

Los Césares se preocupaban de que el pueblo estuviese en calma pues significaría que su puesto no correría el peligro de levantamientos violentos, para ello les procuraba su alimentación y su entretenimiento. Si echamos un vistazo al calendario festivo religioso y laico romano, no nos debe sorprender la gran cantidad de días ociosos con que contaban: más de la mitad del año. En el anfiteatro se mezclaban los olores de la sangre, el sudor y las bestias en un ambiente animado por los avatares de pobres condenados a tratar de sobrevivir frente al que tenían enfrente, ya hombre o animal.

No podían faltar dos legados griegos en la cultura latina. En primer lugar, bajo el título homónimo a la incunable obra de Platón, no es vana la referencia a los festines gastronómicos no en pocas ocasiones convertidos en lascivos que llevaban a cabo los romanos pudientes en sus ostentosas domi. Como segundo elemento, la educación de las clases altas no diferiría en demasía de aquéllos griegos eugenetas que estudiaban los poemas homéricos de memoria cuyas citas utilizaban después en sus comparecencias en la sagrada Pnix; es magnífica la evocación que emerge de las narraciones de niños o adolescentes, con sus tablillas de madera y estilos en la mano, de pie ante el profesor argumentando por qué Cayo Silio no debía aceptar las pretensiones de matrimonio de Mesalina, o sus caras cuando aquél desenrollaba un volumen de Polibio y leía en afinado griego las correrías de Aníbal desde Hispania a Italia.

En fin, mirándolo con perspectiva y leyendo entrelíneas, no obstante los dos milenios transcurridos desde la Roma imperial, se puede afirmar que no estamos tan lejos de una cultura que no es sino la nuestra propia.

Bibliografía.

BICKEL, ERNST 2009: Historia de la Literatura Romana. RBA. Madrid.

CARCOPINO, JEROME 1993: La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. Temas de Hoy. Madrid.

FERNÁNDEZ URIEL, PILAR y MAÑAS, IRENE 2013: La civilización romana. UNED. Madrid.

JUVENAL, DÉCIMO JUNIO 1996: Sátiras. Alianza Editorial. Madrid.

MARCIAL, MARCO VALERIO 1991: Epigramas Completos. Cátedra. Madrid.

Recursos en internet:

Para los textos latinos originales he utilizado la página de Perseus Digital Libraryhttp://www.perseus.tufts.edu/hopper/— así como The Latin libraryhttp://www.thelatinlibrary.com/.

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