La sociedad romana a través de las sátiras de Juvenal (I)

Sátiras de Juvenal, edición de Cátedra

Inicio con esta una serie de entradas que realizan una descripción de la sociedad y civilización romana a través de los ácidos versos satíricos del latino Décimo Junio Juvenal. Mediante una siempre apetecible relectura de fuentes he reunido por temas —vida urbana, banquete y educación— las curiosidades y comentarios que escribe nuestro autor, los cuales describo objetivamente.

Esta primera parte se trata tan solo de una presentación tanto del poeta, como de su tiempo y género literario que manejó.

En lo concerniente a la vida de Juvenal, los datos que poseemos de su biografía son una incógnita. Si tomamos como base su obra podríamos decir que, nacido fuera de Roma, acudió allí a vivir como inquilinus y lo hizo parece que de forma desahogada. Si nos hacemos eco de las sátiras XV y XVI podríamos inferir que visitó Egipto y que actuó como oficial del ejército, algo no aceptado por la totalidad de la comunidad científica y en constante debate. Vivió entre los reinados de Nerón —hacia el 60 d.C. se suele fechar su nacimiento— y Adriano —fallece poco después de 127 d.C.—conociendo pues, periodos de autocrática dominación y de apacible paz y prosperidad, ambos aspectos reflejados con nitidez entre la corrupción política y la difusión de las artes con benefactores desde el trono imperial. Otro elemento que se acercaría a la verdad es el de su amistad con Marcial, este poeta le dedica tres de sus epigramas, que por fortuna nos han llegado completos: en el primero ya subyace la misma con la cariñosa mención Iuvenale meo (VII.24.1), en el segundo se confirma, pues habla del envío de unas nueces de su huerto por Saturnales (VII.91) y en el tercero (XII.18.1-8) dibuja a nuestro protagonista por las estresantes calles y cansinas colinas en comparación con su tranquilidad en la rural Bilbilis hispana.

Son estas las informaciones que se pueden considerar en mayor medida cercanas a la realidad. Por otro lado, nos han llegado diversas biografías tardías, algunas muy espurias, y sus escolios, que describen a un Juvenal hijo de un rico liberto que practicó la declamación como afición más que como medio de ganarse la vida; primero escribiría alguna sátira que recelaba pronunciar en público, pero el ánimo entre sus más cercanos le llevarían a publicarlas con éxito. Sin embargo, los peligros del género, cuentan, le condujeron al destierro en el final de su vida, provocándole la muerte de hastío, alejado de la Urbs.

En lo que respecta al género literario de la sátira —satura—, se trata quizá del único no importado de Grecia. Quintiliano, posible maestro de Juvenal, dice en Insitutio 10.1.93: Satura quidem tota nostra est —La sátira es desde luego toda entera nuestra. Inventada por Lucilio, inspirado en Ennio, en la segunda mitad del siglo II a.C., la falta de documentos anteriores nos lleva a imponer el canon según Horacio, Persio y Juvenal, a quien la historia otorga la primacía. Las influencias que se pudieron recoger para su génesis seguramente provienen de la Comedia Antigua y su afán de nombrar a personajes vivos o muertos que se convertían en los protagonistas de las bromas y chistes frente al público, así como de la llamada poesía de escarnio helenística o silografía con sus diatribas político-culturales.

Desde el punto de vista filológico-etimológico, para el término satura existen una amplitud de criterios que lo explican, aunque parece claro que desde el principio se aceptó con certeza su significado de mofa mordaz, agudeza y espíritu polémico: por su forma, femenino del adjetivo satur, harto, que en latín arcaico podía denominar a un plato que era una especie de relleno, representaría así algo como “lo mezclado”, lo que también puede denotarse de su uso como lanx satura que sería el plato de ofrendas repleto de diversos frutos tempranos (Bickel 2009); los gramáticos a su vez hablaban de la sustantivación de la palabra a través de la expresión o tecnicismo del ámbito jurídico per saturam, que ya tomó Séneca en su Apokolocyntosis Divi Claudi per saturam; si bien previamente tanto Lucilio como Horacio titularon sus obras no saturae sino sermones.

En cuanto a la sátira juvenaliana, escribe en la segunda mitad de su vida, parece que comenzó a publicar en torno al año 101 d.C. Sus tópicos son la crítica de la época —locus de saeculo— y la denuncia de los efectos devastadores del dinero —locus de devitiis— lo que evidencia sus ejes de la relación moralidad-riquezas. Al ser un género comprometido y para no ponerse en peligro, al igual que Horacio[1], para evitar que le señalen —hic est!— solo hablará de muertos, las víctimas más fáciles —contará lo que sea permitido sobre aquellos de cuyas cenizas son cubiertas de tierra en la Flaminia y en la Latina[2]— si bien entre los investigadores existe todavía debate sobre si lo cumplió.

Sus versos no se caracterizan por el rigor y la coherencia; con divagaciones, solo supera en una de ellas —la VI— los 600 versos; escribe usando un lenguaje coloquial apareciendo personalmente el propio autor; con ironía y juegos de palabras, de carácter costumbrista y en ocasiones cómico. Todo ello con el objetivo de corregir a la sociedad de sus numerosos vicios y necedades para lo que no deja de ser jocoso con su punto realista. Observamos tras su lectura la clásica visión de cómo decaía —decrescebat— la sociedad de su tiempo, según comenta, iniciada ya en época de Homero cuando desaparecen los últimos descendientes de los héroes y ahora la tierra educa hombres débiles y pequeñitos[3]. Así, de su pesimismo ante los males de la vejez —pero ¡de qué cantidad de males y qué continuados está llena la vejez![4], periodo vital en el que probablemente se sentiría ya, y de la incultura de cierto sector de su sociedad como aquellos soldados incapaces de admirar el arte griego y que funden sus estatuas de bronce para calzar a sus caballos, pasa a una xenofobia por todo lo bárbaro, lo extraño o lo ajeno a Roma como denotan sus vejaciones hacia enanos, etíopes o negros, deformes, et cetera. Echa de menos aquella época primitiva de la Res publica de velludos cónsules que dividían su tiempo entre el trabajo de la tierra y el de la política —la edad de mar, yelmo y azada[5], ajena al afeminamiento actual con sus perfumes, depilaciones y prácticas homosexuales —pathicus.

[1] Horacio, Serm. II.1.39-40: sed hic stilus haud petet ultroquem quam animantem

[1] Juvenal I.170-171: experiar quid concedatur in illos quorum Flamini tegitur cinis atque Latina

[2] Juvenal XV.69: terra malos homines nunc educat atque pusillos.

[3] Juvenal X.190: sed quam continuis et quantis longa senectus plena malis!

[4] Juvenal VII. 33: aetas et pelagi (…) et cassidis atque ligonis.

 

- LA SOCIEDAD ROMANA A TRAVÉS DE LAS SÁTIRAS DE JUVENAL (II): EL BANQUETE

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Bibliografía.

BICKEL, ERNST 2009: Historia de la Literatura Romana. RBA. Madrid.

CARCOPINO, JEROME 1993: La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. Temas de Hoy. Madrid.

FERNÁNDEZ URIEL, PILAR y MAÑAS, IRENE 2013: La civilización romana. UNED. Madrid.

JUVENAL, DÉCIMO JUNIO 1996: Sátiras. Alianza Editorial. Madrid.

MARCIAL, MARCO VALERIO 1991: Epigramas Completos. Cátedra. Madrid.

Recursos en internet.

Para los textos latinos originales he utilizado la página de Perseus Digital Libraryhttp://www.perseus.tufts.edu/hopper/— así como The Latin libraryhttp://www.thelatinlibrary.com/.

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