Sobre los espectáculos romanos, según Marcial

Actual vista nocturna del Anfiteatro Flavio, el Coliseo

Actual vista nocturna del Anfiteatro Flavio, el Coliseo. Foto: el autor.

Esta breve entrada versa sobre los espectáculos públicos, prestando mayor atención a los que tenían lugar en el circo y, sobre todo, en el anfiteatro, paradigma de la diversión en la cultura romana. Para ello me ayudo en exclusiva del poeta latino Marco Valerio Marcial, conocido por sus epigramas, género literario en el que no tuvo parangón. Más concretamente, en el opúsculo Libro de Espectáculos —que suele acompañar las ediciones de los Epigramas completos—, que se centra en tales acontecimientos de la civilización romana en veintitrés sentencias muy interesantes.

En verdad, aquél [el pueblo] que en otro tiempo otorgaba el poder supremo, magistraturas, legiones… todo, ahora se reprime y ansioso solo desea dos cosas: pan y juegos públicos[1].

Y ciertamente, nos podemos imaginar, cómo no iban a desear los romanos unos espectáculos tan grandiosos como aquéllos celebrados para la inauguración del anfiteatro Flavio[2] en el año 80 d.C. y a los que Marcial dedicó su Liber de Spectaculis o Spectaculorum.

En un marco que silenciaría —sileat— a las mismísimas maravillas del mundo antiguo, donde se reunían personas de todos los lugares del Imperio,

¿Cuál es el pueblo tan alejado, tan bárbaro, César, desde donde no haya venido un espectador a tu ciudad?[3]

se llevaban a cabo luchas entre gladiadores —hombres y mujeres, Ludi Gladiatoria—, entre éstos y animales así como entre las fieras mismas —Venationes—, además de las carísimas naumaquias[4], todo ello adecentado no en pocas ocasiones con la recreación de los tan consabidos mitos que aprendían ya desde la infancia. Se trata de la más emblemática diversión de los romanos, que habían abandonado unos teatros que trataban de atraerles mediante representaciones cómicas de payasadas y bofetadas —alapas—, alejadas ya de obras de tan necesaria preparación intelectual como aquéllas Tesmoforias y Ranas de Aristófanes[5].

Esclavos condenados por el asesinato de su dueño —dominus— o ladrones del oro oculto de los templos, era con quienes se deleitaba la plebs mediante las figuraciones de la muerte de un Prometeo, un Dédalo, un Orfeo o un Leandro que se hacían cruel realidad ante distintas fieras, así como con el abatimiento del león nemeo, pero en esta ocasión protagonizado por una brava mujerfemineo Marte. Rinocerontes, leopardos, toros, elefantes, búfalos, bisontes, gamos, perros y jabalíes traídos de lejanas tierras del Imperio o comprados a algún rico que los criara para tal negotium, se sucedían en la ensangrentada arena —sanguínea harena— donde eran azuzados ya por fuego ya por maniquíes —pilae— que volteaban ante los clamores del público. Será éste quien reclame al promotor —pretor o césar— que ponga sobre la palestra a tal o cual célebre luchador y ellos mismos quien con su ovación otorguen por mano del emperador las varas y las palmas victoriosas rudes et palmas.

Otro de los juegos públicos que hacía fervor entre los romanos eran las carreras del circo o del hipódromo[6]. Allí podían aprovechar a sentarse junto a las mujeres, algo no permitido en el teatro donde la ley de Otón —lex Roscia theatralis de 67 a.C.— destinaba las catorce primeras filas a los caballeros —equites— además de las mujeres y esclavos en la cavea más elevada. De esta manera disfrutaban animando a su respectivo equipo o facción —factio— representada por los colores de las túnicas que vestían los aurigas: verdes, azules, blancas o rojas; se cree que a las primeras eran más afines las clases populares y a las segundas las nobiliarias.


[1] Juvenal X.80: nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses. Todas las traducciones efectuadas en la entrada son de elaboración propia.

[2] El anfiteatro Flavio reemplazó al amphitheatrum construido en tiempo de Augusto y destruido por el famoso incendio de 64 d.C., comenzó a construirse en el año 70 con Vespasiano y la continuó su hijo Tito quien lo inauguró con tres pisos en el 80, después su hermano Domiciano lo ampliaría en los primeros años de su reinado.

[3] Marcial De spectaculis 3: Quae tam seposita est, quae gens tam barbara, Caesar, ex qua  spectator non sit in urbe tua?

[4] Del latín naumachia tomado del griego ναυμαχία cuyo significado es el de combate naval.

[5] Llevan a cabo una serie de críticas literarias a las obras de los trágicos Esquilo y Eurípides que hacían necesario su conocimiento para comprender las distintas bromas y chistes, no en vano resultan las obras menos escenificadas en la actualidad por los múltiples grupos de teatro clásico.

[6] Del griego ‘Iππόδρομος, formado por las voces ἵππος, caballo, y δρóμος, carrera.

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- Bibliografía:

MARCIAL, MARCO VALERIO 1991: Epigramas Completos. Cátedra. Madrid.

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4 respuestas a Sobre los espectáculos romanos, según Marcial

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