De cómo los delfines ayudaban a los hombres

Delfines en un fresco del palacio minoico de Knossos, Creta (mediados II milenio a.C.)

Los delfines son unos animales que siempre nos han llamado la atención a los humanos, y desde la Antigüedad se fueron generando leyendas y pasaron a formar parte de mitos y fábulas de distintas culturas. En esta entrada me voy a centrar en su repetida relación con los poetas griegos, concretamente con Hesíodo y Arión de Lesbos y el viaje que realizaron a lomos de estos amistosos mamíferos marinos, que les prestaron ayuda en dos momentos muy distintos de su vida…

Copia romana del busto de Hesíodo

En primer lugar, Hesíodo fue un poeta griego contemporáneo del gran Homero, es decir, del siglo VIII-VII a.C. Sus obras más conocidas son la Teogonía y Trabajos y días, en las que la esencia de su mensaje difiere del homérico, de carácter más aristocrático, acercándose más a la bucólica y pacífica imagen del trabajador agreste, siempre auspiciado por la justicia divina de Zeus.

Su relación con los delfines nos ha llegado con la breve y tardía obra, hacia el siglo II d.C., denominada Certamen. En ella se nos cuenta una competición de aedos (del griego “cantor”) o rapsodas (del griego “coser” mas “canto” u “oda”) en la que nos presenta un enfrentamiento ni mas ni menos que entre Hesíodo y Homero en la ciudad eubea de Calcis. Del mismo salió vencedor nuestro protagonista alegando el rey que era justo que venciera el que invitaba a la agricultura y la paz, no el que describía combates y matanzas. Ofreció el broncíneo trípode al Apolo délfico donde la profetisa, una vez más, le habló de manera confusa de manera que no podrá evitar su muerte, pues acudirá sin saberlo al lugar que precisamente debía evitar…

Y habiendo llegado a Énoe de Lócride se alojó en casa de Anfífanes y Ganíctor, los hijos de Feges (…). Como quiera que su estancia entre los eneos se prolongó, los jóvenes, sospechando que Hesíodo seducía a su hermana, le mataron y luego le tiraron al mar que separa Eubea de Lócride. Al tercer día, el cadáver fue transportado a tierra por unos delfines mientras se celebraba entre aquéllos una fiesta local en honor de Ariadna. Todos corrieron a la playa y al reconocer el cuerpo lo enterraron con gran duelo y buscaron a los asesinos.

Certamen (226-236)

Flautista sobre un delfín en copa hallada en Etruria (ca 360-340 Ac)

Al parecer los hermanos que le asesinaron fueron a su vez ejecutados, bien por el propio pueblo bien mediante un rayo de Zeus en su intento de huida. Y siguiendo la tradición trágica griega, también podemos leer que la hermana, a la que supuestamente trataba de seducir el poeta, debido al oprobio de la situación hacia su persona, se suicidó ahorcándose. En definitiva, gracias a los delfines su cuerpo pudo obtener sepultura, algo de necesidad vital para la mentalidad griega, esta tuvo lugar en Orcómeno, en la región de Beocia. El propio Pausanias nos contará que visitó su tumba en su descripción de la Hélade (IX, 38, 3).

Representación del poeta sobre el delfín con la citara en la mano

En segundo lugar tenemos al poeta Arión de Lesbos, que según nos cuenta Herodoto debió ser uno de los más famosos músicos citaristas de su tiempo y unos delfines del Mar Mediterráneo le salvaron de la muerte en una fábula que podemos leer en el primer libro de sus Nueve de la Historia. Son multitud las anécdotas curiosas que podemos leer en ellos como ya he mostrado en alguna otra entrada.

Se dice que este poeta fue el inventor del ditirambo, un tipo de verso   y composición dionisiaca coral que parece que enraiza con los orígenes de la tragedia y el teatro heleno. Vivió en el siglo VII-VI a.C. y aunque no conocemos fechas concretas nos podemos hacer una idea conociendo las del tirano de Corinto (hay que recordar que no tenía el carácter peyorativo que adquirió después la palabra), Periandro, uno de los Siete Sabios de Grecia, que gobernó en la ciudad del istmo entre 627 y 585 a.C. y en cuya corte pasó largos años como compositor.

Arión, habiendo vivido mucho tiempo en la corte de Periandro, quiso hacer un viaje a Italia y a Sicilia, como efectivamente lo ejecutó por mar; y después de haber juntado allí grandes riquezas , determinó volverse a Corinto. Debiendo embarcarse en Tarento, fletó un barco corintio, porque de nadie se fiaba tanto como de los hombres de aquella nación. Pero los marineros, estando en alta mar, formaron el designio de echarle al agua, con el fin de apoderarse de sus tesoros. Arión entiendo la trama, y les pide que se contenten con su fortuna, la cual les cederá muy gustoso con tal que no le quiten la vida. Los marineros, sordos a sus ruegos, solamente le dieron a escoger entre matarse con sus propias manos, y así lograría ser sepultado después en tierra, o arrojarse inmediatamente al mar. Viéndose Arión reducido a tan estrecho apuro, pidióles por favor le permitieran ataviarse con sus mejores vestidos, y entonar antes de morir una canción sobre la cubierta de la nave, dándoles palabra de matarse por su misma mano luego de haberla concluido. Convinieron en ello los corintios, deseosos de disfrutar un buen rato oyendo cantar al músico más afamado de su tiempo; y con este fin dejaron todos la popa y se vinieron a oirle en medio del barco. (…) habiéndola concluido, se arrojó de repente al mar. Los marineros (…) continuaron la navegación a Corinto, mientras un delfín (según nos cuentan) tomó sobre sus espaldas al célebre cantor y lo condujo salvo a Ténaro. (…) y en Ténaro se ve una estatua de bronce, no muy grande, en la cual es representado Arión en figura de un hombre montado en un delfín.

Herodoto (I, 24)

Moneda griega de Taras (Calabria) en la que podemos ver un delfín sobre las olas con un hombre sobre el mismo con un tridente y una copa en una de sus caras

Una vez más Herodoto nos muestra su vocación periodística en esta historia que, como dice, le contaron las gentes corintias y lesbias.  El historiador no dice nada sobre el destino de los nautas que le arrojaron al mar, otras fuentes narran su ejecución. Otra curiosidad es que, debido a las divinas habilidades de Arión con la cítara, Apolo, también tañedor de la lira, le concedió un espacio entre los astros y hoy en día lo podemos contemplar en nuestros cielos en la Constelación del Delfín.

Constelación del Delfín, junto a la cabeza del águila de la constelación epónima cuya estrella más brillante es la conocida y brillante Altair

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2 respuestas a De cómo los delfines ayudaban a los hombres

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  2. mothman dijo:

    intuyo que los delfines del fresco son comunes, por las franjas amarillas.

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