Textos que inspiran arte: Dominique Ingres y la Ilíada

Dominique Ingres (1780-1867)

Uno de los temas que más me llaman la atención en el estudio de la historia y del arte son las pinturas sobre la Antigüedad clásica, ya sea mitología o acontecimientos históricos, me producen un sentimiento evocador y me transportan en presencia de aquéllos personajes… Muchos han sido los autores que han dedicado sus pinturas a dicha época, y cuando lees las obras clásicas que les inspiraron  te das cuenta incluso del  texto literal que inspiró a los artistas. En este caso el texto es la Ilíada y el artista es el neoclasico-romantico francés Dominique Ingres y su bello cuadro Tetis implora a Júpiter…

El cuadro es de los menos conocidos del autor, y debido a su forma de realizarlo, de manera más bidimensional dando menor importancia al volumen, que estaba pasado de moda, le costó venderlo 23 años. Hoy lo podemos ver en el Museo Granet de Aix-en-Provence, al norte de Marsella.

Como curiosidad, si os fijáis, Ingres representó al revés a Tetis de como lo describe Homero, con la mano izquierda acariciando su barba y la derecha abrazada a sus rodillas, dicho error se puede deber a una de las técnicas que utilizaban los artistas de aquella época: la “cámara oscura”, ayudados por instrumentos ópticos como lentes para dibujar las figuras…  Si alguien está más interesado en el tema, os dejo el link de un trabajo sobre la obra que trata de averiguar el por qué del enigma.

En primer lugar, y como figura principal vemos a Zeus, aunque el autor ha utilizado en el título de la obra la nomenclatura latina, Júpiter, soberano del Olimpo, sentado sobre su trono en las nubes con los símbolos de su poder: el cetro y el águila. A sus pies hallamos a la nereida Tetis (hija de Nereo, el “Viejo del Mar”), la divinidad marina madre de Aquiles, a quien el mismo pidió que le rogara a Zeus que favoreciera en la guerra a los troyanos hasta que remitiera su cólera provocada por el rey Agamenón al quitarle su botín (argumento principal de la Ilíada). En la parte superior izquierda de la obra vemos a Hera, la celosa hermana-esposa del Crónida (hijo de Cronos y Rea: Zeus), observar la reunión.

A continuación os dejo con el cuadro y el fragmento de la Ilíada que he escogido para observar la inspiración del autor, he subrayado las frases exactas que  lo describe  para mayor atención:

Tetis implora a Júpiter (1811) - J.A.D. Ingres

TETIS.- ¡Hijo! ¿Por qué lloras? ¿Qué pesar te ha llegado al alma? Habla; no me ocultes lo que piensas, para que ambos lo sepamos. (…) Yo misma iré al nevado Olimpo y hablaré a Zeus, que se complace en lanzar rayos, por si se deja convencer. Tú quédate en las naves de ligero andar, conserva la cólera contra los aqueos y abstente por entero de combatir. Ayer se marchó Zeus al Océano, al país de los probos etíopes, para asistir a un banquete, y todos los dioses le siguieron. De aquí a doce días volverá al Olimpo (…).

Cuando (…) apareció la duodécima aurora, los sempiternos dioses volvieron al Olimpo con Zeus a la cabeza. Tetis no olvidó entonces el encargo de su hijo: saliendo de entre las olas del mar, subió muy de mañana al gran cielo y al Olimpo, y halló al largovidente Crónida sentado aparte de los demás dioses en la más alta de las muchas cumbres del monte. Acomodose ante él, abrazó sus rodillas con la mano izquierda, tocole la barba con la derecha y dirigió esta súplica al soberano Zeus Cronión:

TETIS.- ¡Padre Zeus! Si alguna vez te fui útil entre los inmortales con palabras u obras, cúmpleme este voto: Honra a mi hijo, el héroe de más breve vida, pues el rey de hombres Agamenón le ha ultrajado, arrebatándole la recompensa que todavía retiene. Véngale tú, próvido Zeus Olímpico, concediendo la victoria a los troyanos hasta que los aqueos den satisfacción a mi hijo y le colmen de honores.

ZEUS.- (…) Pero ahora vete, no sea que Hera advierta algo; yo me cuidaré de que esto se cumpla. Y si lo deseas, te haré  con la cabeza la señal de asentimiento para que tengas confianza. Éste es el signo más seguro, irrevocable y veraz para los inmortales; y no deja de efectuarse aquello a que asiento con la cabeza.

Fragmento del canto I de la Ilíada, Homero (traducción: Luis Segalá y Estalella).

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